Aunque ya han pasado unos días desde que finalizó la Semana Mayor de Sevilla, quisiera escribir algo acerca del comportamiento de la policía local en la escolta de la Esperanza de la Trinidad.
Tuve la gran suerte de poder verla por la Calle Sol, delante, cangrejeando como dicen algunos, pero sobretodo emocionándome y disfrutando con Ella y de Ella. Evidentemente, la bulla delante era impresionante. La única que estaba en la calle a esas horas y ¡¡qué única!! Merecía la pena seguirla, por mucho que los policías “escoltas” lo quisieran impedir. Si bulla había, más formaban ellos. Los elegidos, seguro que no por la Esperanza, pretendían dar paso al Palio empujando sin contemplaciones a todos los que íbamos delante, disfrutando con Nuestra Virgen. Empujar tampoco sería la palabra correcta para describir lo que estaban haciendo aquellos personajes, cuya patrona llevaban a sus espaldas. Parece mentira que fueran de Sevilla, apostaría algo a decir que no lo eran… ¿qué pretendían conseguir? ¿Desmayos, caídas, pisotones, mareos, enfrentamientos…? O ¿simplemente hacerse notar de alguna manera porque llevaban un uniforme?
Estaba indignada, no podía salir de mi asombro. Los sevillanos, a Dios gracias, sabemos movernos en las bullas, sabemos mantener un equilibrio increíble, incluso andando de espaldas… sino no sé qué hubiera ocurrido. Fue una verdadera vergüenza lo que allí se vivió y una pena, aunque por mucho que lo intentaron nadie consiguió enturbiar la belleza y la dulzura de esta Reina del Sábado Santo.






